El pacto

Las fiestas de los jubilados no son nada tranquilas, solamente reina la vejez pero el cachengue, la cumbia, un paso doble, los lentos y algún que otro noviazgo entre abuelos.

Eduardo, uno de los viudos del centro de jubilados, no tiene una alegría desde hace veinte años, la última vez había sido con su primer amor, el amor de su vida. Entre las viudas de la fiesta ninguna le daba muchas chances de estar con él una noche, ya no eran jóvenes,se cansaban porque él parecía que no pensaba callarse, no les dejaba introducir ningún bocado a la conversación –mejor dicho, monólogo–, había perdido todo el chamuyo que supo tener en la adolescencia. Esa noche no pudo conseguir ninguna que pueda extinguir su necesidad humana.

La fiesta terminó, las botellas vacías, el piso sucio, los platos sucios, todo terminó. Se despide en la puerta de sus amigos, se sube a su Fiat 147, lo arranca y prende la radio.

De camino a su casa, en una esquina de la Capital, ve a una mujer con la falda muy corta y un rostro que le trajo un sinfín de recuerdos, a Tito el defensor del club de su barrio cuando tenía catorce años; al Ferretero López,el papá de Tito, que tenía la capacidad de encontrar el coso del coso de todos sus clientes, y también le recordó a su esposa cuando tenían la llama encendida de la pasión. Frenó, la mujer se le acercó y el sintió algo que no se acordaba que tenía. La invitó a subir y siguieron camino a la casa de Eduardo.

En la casa, él dejó la campera y todo el abrigo que tenía arriba de la mesa, Solange se le acercó por la espalda y lo abrazó, él sintió algo duro a la altura de su raya pero no le dió mucha importancia. Fueron a la pieza fría, se tiraron arriba del colchón, Eduardo cerró los ojos y se sintió joven, como las primeras veces que estuvo con su Rosita. Se sacaron las prendas, se besaron, Solange hizo lo suyo. Eduardo lo recordaba más grande pero este le pareció muy angosto. No le importó y siguió.

Al finalizar el acto, notó que algo colgaba sobre las piernas de Solange,le miró la cara de Solange, y si. Era Tito el defensor del Club.

Solange, ahora Tito, le preguntó:

-¿Vos sos el Tigre Edu?-

y con cara de resignado asintió con la cabeza.

Se vistieron, hicieron el pacto  y Tito se fue vestido de Solange a seguir trabajando.

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La despedida

La despedida

Estábamos en el puerto, listo para irme, para no volver más. Mi hermana me acompañaba, como se acompañan los hermanos siempre que pueden, desde cerca y a menos de una sombra de distancia. Nos reíamos, recordábamos cuando salíamos a pasear en bicicleta y el abuelo nos retaba porque desaparecíamos de su vista; de cuando le robábamos los limones al vecino para poder usarlos en las milanesas de mamá, ahora ella  ya no estaba, una dictadura o el simple régimen de la vida se la había llevado, solamente nosotros dos quedábamos, y pronto íbamos a quedar uno y partido al medio, ya que una mitad de cada uno de nosotros se quedaría en el otro.

Nos sentamos frente al puerto, en un bar chiquito, lleno de pasajeros que estaban haciendo lo mismo que nosotros, esperar el arribo, mirandose de la forma más mágica, guardando una foto con cada pestañeo, y grabando en el oído el tono de la voz.¿ Acaso yo voy a olvidar tu voz? eso nunca va a pasar querida hermana, no voy a olvidar nuestros pequeños juegos, tu voz de varón que hacía enfurecerte, voy a recordar tu voz cada vez que cierre mis ojos, cada vez que vea una foto o me llegue una carta a tu nombre.

Me pregunta si traje todo, si no me olvidaba los calzones de la buena suerte, los más estirados, esos que me acompañan desde que nos tuvimos que ir de casa por falta de dinero; si tenía los pasajes y si el pasaporte estaba al día, realmente el último no importaba, me estaba yendo de mi tierra a un nuevo continente, esperaba encontrar en el mundo, el lugar donde tener una familia, donde sentarme y poder ver a mis nietos por la calle.

El silbato que marcaba el inicio del arribo, empezó a sonar, la gente se alborotó como un hormiguero antes de la lluvia, los pañuelos empezaron a mojarse, las narices se pusieron rojas y los ojos brillantes; nosotros nos quedamos en silencio,nos miramos lentamente, la abracé con el alma y subí al barco.

Cuando el buque partía y la veía en un lugar apartada, cubriéndose la cara para que no note las lágrimas, entendí todo; entendí que no la volvería a ver, que ella tampoco que me volvería a ver,que la iba a extrañar el resto de mi vida, que seríamos como dos átomos perdidos en el mundo.

y que no soy bueno para las despedidas.

El destierro ( o una manera de nacer)

El destierro ( o una manera de nacer)

 

 

Soy átomo, me multiplico a cada segundo,

soy molécula, me transformo en tejido.

Soy flor de una delgada rama,

Soy vida que reclama.

 

Tengo un corazón, que late al unísono que el mió.

Soy latido de un ser superior,

escucho cada tambor

que suena en sus entrañas

Soy vida que se arma.

 

Soy silencio, cuando duermo

Soy rio cuando río,

Soy silencio, cuando me hablan,

y cuando escucho, me calman.

Soy vida, ser de alma.

 

Me sobra tiempo, soy lento,

Me sobra tiempo, estoy vivo.

 

Estoy perdido, me destierran, ya no pertenezco a este nido, soy vida de este vientre, madre tierra porque desaparece. Tengo miedo, tengo frío, mi voz se transforma en llanto, siento el espanto, madre mía ¿dónde está tu latido? Universo de mi calma, no te encuentro, no siento tu aire, ya no soy un río.

Madre te extrañaba,

ya no soy el mismo.

estamos afuera,

aún siento tu latido.

Yo ya lo sabía

Yo ya lo sabía

Los diarios no hablaban de otra cosa, quién no desea ganarse la lotería y ser el hombre con más dinero del planeta declarado por la revista Forbes —el 1% del millonario más rico le alcanzaba a Julio—.

De la casa más decadente del barrio a una pequeña mansión a tres cuadras de distancia, se mudó Julio luego de haber ganado el pozo vacante del Quini 6 que no se ganaba hace 30 años— ni yo, escritor de este relato, tengo idea de cuándo fue la última vez que lo ganaron. Julio no conocía de placeres, el único que se tomaba una vez cada tanto era pedir en la rotisería de la esquina una milanesa con papas fritas, no le sobraba ni una moneda, siempre estaba en falta.

Con el fracaso en su espalda y la búsqueda de una changuita por la Capital, pegado en un poste de luz, oculto entre el culo de una mujer que se prostituye, un panfleto ofrecía una cantidad pequeña de dinero a cambio de un experimento. Desesperado con volver a su casa con la frente en alto, acudió al lugar de la cita.

Tocó timbre y la respuesta no se hizo esperar del otro lado del parlante, una voz sospechosa preguntó y Julio le dio las explicaciones necesarias para entrar en el edificio. Subió al tercero C por las escaleras, ya que le tenía temor a los ascensores, especialmente si estaba ausente de compañía. Sin aire, con la garganta seca y una gota de sudor que le empezaba a brotar por la espalda para luego con la gravedad caer lentamente entre la línea divisoria, Julio tocó la puerta. Un monoambiente, y una persona que le proponía ser una rata de laboratorio se encontraban detrás de esa puerta. Julio aceptó y se largó con la pastilla que tenía que tomar aquella noche al terminar el día.

LLegó a su casa, encendió el televisor, miró el noticiero, no descubrió nada nuevo, dos asesinatos, una jirafa que nació en el Zoo de Buenos Aires y un Fiscal suicidado. Comió la sopa que había guardado en el freezer y luego una taza de té con galletitas de agua para llenar los espacios vacíos que le habían quedado de la sopa. Se tomó las pastillas para descansar bien y la del experimento, deseando que esa noche no hiciera frío, se recostó sobre el sillón y durmió hasta el otro día.

Los días pasaron, el dinero que recibía cada vez era menor y la pastilla no hacía ningún efecto; la porción de la sopa del freezer era cada vez más reducida y la comida que compraba tenía el gusto particular del cartón; eso sí, intentaba disfrutar cada átomo de su porción para parecer más satisfecho. Conforme pasaron las lunas, los sueños se fueron transformando en déjà vu y los déjà vu en situaciones constantes de todos los días. Julio podía ver el futuro, y lo sabía.

Al conocer Julio su poder, decidió con el pequeño sueldo que consiguió en el día, jugar al Quini 6, jugó los números que iban a salir, 12-26-29-04-05-49, y lo consiguió. El premio fue todo para Julio, de no tener nada a tenerlo todo, de conseguir a un amor —obviamente, interesado por el dinero—, la casa que siempre había dibujado en los papeles de diario cuando era chico, el patio donde estaban sus mascotas, los perros que vivieron como él días atrás, todo era un sueño para Julio.

El poder de las pastillas no frenó, y cada día que pasaba tomaba más fuerza, un dolor de cabeza constante, todo había perdido su gracia, si bien le gustaba el modo de vida, quería revertirlo. Fue a la calle del panfleto, no encontró nada, buscó por toda la ciudad al ser humano que le había pagado por consumir la pastilla y no lo encontró.

En una noche de abril, cuando el otoño ya se había encargado de la mitad de los árboles, Julio dejó de tener visiones, cerró los ojos y entonces supo que su vida terminaría ahí, acostado sobre el sillón sin nadie que lo salve.

 

Todos levantan sus copas,esperan el momento indicado y hacen la cuenta regresiva en comunión, hora del brindis. Mientras todos sonríen,van brindando y se dan besos, yo me aparto un momento hacia atrás, me abstraigo, los veo en cámara lenta, sonriendo con una copa en la mano un año más, un chin.chin inmortalizado en el tímpano. Me interrumpe alguien: chin-chin negrito, lo saludo festejando por tener otro brindis mas con el y seguimos la ronda.
Pero todos sabemos, hay copas que ya no suenan, o que por lo menos no percibe nuestro oído, miramos al cielo, o miramos adentro, cerramos los ojos lentamente y los vemos brindando, las almas brindan al lado nuestro y no las vemos, las sentimos.

Brindamos al cielo y brindo por todos

Su primer asesinato

Su primer asesinato

No podría decirles que Banch era un ser siniestro, pero las pequeñas decisiones de la vida lo habían llevado a esa situación.

En pleno acto criminal, él apuntándole a una chica con su pistola, antes de volarle los sesos de un disparo. La mujer, que sabía que había hecho algo mal con alguien, seguramente la señora  que había dejado sin trabajo la semana anterior, había contratado a Banch.

Banch no tenía experiencia. Antes de llegar a la escena, le temblaban las piernas, le caigan gotas de sudor, pero aún así, estaba dispuesto a matar a gente para obtener el dinero necesario para poder cubrir sus deudas.

Banch, era un publicista devenido a sicario que por las causas naturales del ser humano, no había conseguido quedarse en el ambiente- por comodidad, por falta de conocimientos, o contactos-.

La mujer, era una ejecutiva, que sin escrúpulos trataba mal a los empleados, le deseaba la mala vida, las desgracias y se creía un ser repugnante- era un ser repugnante-. Sin embargo, arrodillada suplicaba por el suspiro de vida que le quedaba, que le iba ser arrebatado o que ya estaba planeado por el universo.

Banch, apagó la luz, la miró fijamente y recordó la figura de su ex mujer cuando se marchaba dejándolo en el medio de la calle, cerró los ojos,  apretó los dientes y contuvo la respiración.

El disparo sonó, nadie se asustó, nadie preguntó por ella. Y la mujer que contrató a Banch, eligió las copas altas para festejar esa noche.

Una chica trotamundos

Una chica trotamundos

Miraba al suelo esperando encontrarla, la buscaba en la mirada que le esquivaba el foco de la cámara.

Esperaba encontrarla pero donde iba, ella ya había ido y había dejado su huella, una figura en el horizonte, el perfume del viajero, una postal prediseñada o la postal inventada.

Una chica trotamundos es fácil de encontrar, me dijo un lugareño, síguela a donde vaya, mírala, busca en su esencia,en el mapamundi de su ojo, en el vacío de su pupila, su próximo destino, la encontrarás, será tu mundo. Y tú, o vos, como decimos los argentinos, te convertirás en un hombre trotamundos o espera a que se vaya para seguir su mirada perdida en el foco.